Elogio de la bestia fina

Elogio de la bestia fina

Ricardo Cuadros

En conmemoración de los 50 años del fallecimiento de la poeta chilena Gabriela Mistral, el 10 de enero de 1957.

En Menos cóndor y más huemul, un breve ensayo publicado en el diario El Mercurio el año 1925, Gabriela Mistral reflexiona sobre los dos animales que representan el carácter de los chilenos en el escudo nacional: el cóndor y el huemul.

El primero es el gran pájaro de los cielos cordilleranos, casi siempre visto en vuelo, majestuoso y distante. El segundo es un ciervo pequeño que apenas se deja ver, habitante de los bosques del sur, casi extinguido. Fuerza del cóndor, gracia del huemul, dice Gabriela Mistral, y agrega: “ambos dotados de excelencia y que forman una proposición difícil para el espíritu”. Esta dificultad es la propia del equilibro inestable de los contrarios, “el sol y la luna en algunas teogonías, o la tierra y el mar”, dice la poeta, el muy antiguo yin y/o yang de los chinos: es interesante ver cómo Gabriela Mistral plantea el tema de los contrarios como “dificultad”, es decir como desafío.

Ella ve, a comienzos del siglo XX, que los símbolos que predominan en la cultura chilena son los de la fuerza, y con ellos la reverencia ante los poderosos. “El cóndor significa el dominio de una raza fuerte; enseña el dominio justo del fuerte. Su vuelo es una de las cosas más felices de la tierra”: así es como aprenden heráldica los niños en la escuela, dice Gabriela Mistral, y poco o nada oyen del huemul, como si la sensibilidad y el pacífico retiro en los bosques fueran más bien defectos. “Yo confieso mi escaso amor del cóndor” agrega la poeta, “que, al fin, es solamente un hermoso buitre”. Ella lo ha visto planear sobre las alturas cordilleranas, pero también ha sentido el quiebre de su emoción al reconocer “que su gran parábola no tiene más causa que la carroña tendida en una quebrada”.

Las palabras de Gabriela Mistral para honrar al huemul son poesía: “El huemul es una bestezuela sensible y menuda; tiene parentesco con la gacela, lo cual es estar emparentado con lo perfecto”. Y cuando lo compara con el cóndor, vuelve a hacer poesía: “Mejor es el ojo emocionado que observa detrás de las cañas, que el ojo sanguinoso que domina sólo desde arriba”. Pero la poeta no cae en el reclamo del reemplazo del símbolo duro del cóndor por el otro, casi indefenso, del huemul: a lo que alude es a la revaloración de las virtudes simbólicas de este último; “el oído delicado, el ojo de agua atenta, el olfato agudo”.

En esta intención complementaria, en este llamado a la recuperación del equilibrio Gabriela Mistral devela su mirada, su comprensión del mundo. La poeta es mujer, es huemul, es gracia: el mundo en el que vive está dominado por la fuerza brutal del cóndor. Y dirá con ironía sutil: “Tanto ha abusado la heráldica de las aves rapaces, hay tanta águila, tanto milano en divisas de guerra, que ya dice poco, a fuerza de repetición, el pico ganchudo y la garra metálica”. Para Gabriela Mistral, en los inicios del siglo XX, era hora de mirar hacia la aparente debilidad del huemul, no porque fuera hora de mostrarse débil sino más bien por inteligencia para vencer mejor: “El huemul quiere decir la sensibilidad de una raza: sentidos finos, inteligencia vigilante, gracia. Y todo eso es defensa, espolones invisibles, pero eficaces, del Espíritu”.

La historia, la memoria colectiva ordenada en el relato histórico, sigue siendo una escuela cruel: desde que la poeta chilena escribió estas líneas han pasado poco más de ochenta años y sí, hubo un momento, crucial, en el que – llamémoslas así –  las fuerzas del huemul se mostraron en el esplendor de la rebelión hippie, los primeros 10 años de la Revolución Cubana, Mayo del 68, la Primavera de Praga, la Unidad Pupular. Pero duró menos que un suspiro: ya a mediados de la década del setenta estaba nuevamente claro que el dominio del mundo, y valga la perogrullada de que Chile está en el mundo, se decide entre cóndores, águilas y milanos.

La inteligencia de Gabriela Mistral la llevaba a ver y proponer la solución con el mismo ánimo redentor, didáctico, constructor de Estados, que animaba a tantos poetas y políticos latinoamericanos de su época como José Martí, Alfonso Reyes, Rubén Darío: “Tal vez el símbolo fuera demasiado femenino si quedara reducido al huemul, y no sirviera, por unilateral, para expresión de un pueblo. Pero, en este caso, que el huemul sea como el primer plano de nuestro espíritu, como nuestro pulso natural, y que el otro sea el latido de la urgencia. Pacíficos de toda paz en los buenos días, suaves de semblante, de palabra y de pensamiento, y cóndores solamente para volar, sobre el despeñadero del gran peligro”.

La voz de Gabriela Mistral parece un clamor en el desierto, hoy, después de las décadas dictatoriales en Latinoamérica y la solución neoliberal, después de la caída del Muro de Berlín, del 11/9 en Estados Unidos y la invasión a Irak. “La predilección del cóndor sobre el huemul acaso nos haya hecho mucho daño. Costará sobreponer una cosa a la otra, pero eso se irá logrando poco a poco”, decía la poeta. Nos ha causado daño y mucho, y no se ve cómo se podría “sobreponer una cosa a la otra”. Pero ahí están y siguen vibrando sus palabras, como el rayo de un faro en la noche: “menos cóndor y más huemul”.

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Citación:

Cuadros, R. Elogio de la bestia fina. PortVitoria, UK, v. 1, Jul-Dec, 2011. ISSN 2044-8236, http://www.portvitoria.com/archive.html