Un relato sobre la tiranía

Un relato sobre la tirania

Joaquina Pires-O’Brien

Reseña del libro La fiesta del chivo. de Mario Vargas LLosa. Alfaquara, España. 2000. ISBN: 9788466318709.

Versión en portugués: A festa do bode. Traductor: Wladir Dupont. Mandarim. 2006. (Primera edición en español en 2000). ISBN: 853540211X

Versión en inglés: The feast of the goat. Traductora: Edith Grossman. Faber y Faber Limited. 2003 (Primera edición inglesa en 2001 en EE.UU. por Farrar Strauss & Giroux; primero publicado en Gran Bretaña en 2002 por Faber y Faber Limited). ISBN: 0751-20776-6

Este libro es un relato sobre la tiranía, con lecciones para todos los que valoran la dignidad y la libertad. Probablemente es la novela más sofisticada del escritor peruano Vargas Llosa, que en 2010 ganó el premio Nobel de Literatura. Él recrea en ficción los últimos años de la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo Molina en la República Dominicana, así como el tumulto político que ocurrió después de su asesinato en 1961. Las escenas son reales y las situaciones absolutamente creíbles como relatadas por Urania Cabral, una de las muchas víctimas del tirano que fue enviada a los Estados Unidos por las monjas de la academia del convento para estudiar en una escuela similar en Adrian, Michigan. Después de terminar la escuela secundaria en Michigan, se mudó a Boston para estudiar en la Universidad de Harvard, y después de la graduación fue a trabajar para el Banco Mundial en Washington, D.C. Uri, como es llamada por sus amigos en Estados Unidos –un apodo muy diferente a los nombres viciosos que estaban de boga en la República Dominicana–, corta toda relación con su padre y su familia, y decide no volver nunca más a su país de nacimiento. Ahora es una mujer de cuarenta y nueve años, de figura delgada y de grandes ojos castaños, que está bien establecida en los Estados Unidos, donde trabaja en una compañía legal en Nueva York. Soltera, vive sólo para su trabajo, y se pasa el tiempo leyendo e investigando la historia de la Era de Trujillo. Aunque Urania nunca ha tomado vacaciones, decide en último momento viajar a su patria por una semanas. Ella se pregunta a si misma porque ha tomado esa decisión tan apresurada y si se arrepentirá en el futuro.

La narrativa de Urania ocurre en su totalidad durante la semana que pasa en Santo Domingo. Se desarrolla en parte a través de monólogos al lado de su padre Agustín Cabral, postrado debido a una apoplejía, y una vez figura importante en el viejo régimen, hasta que Trujillo sin razón alguna lo echó al lado. Urania quiere contarle esto al padre, y también la información factual que ha aprendido de Trujillo y sus partidarios más íntimos, y de su propia vida. Su padre no oye lo que le está diciendo; sus ojos están enfocados en sus labios como intentando leer lo que ella está diciendo. Ella, sin embargo, continúa hablando. Las escenas retrospectivas de la niñez le ayudan para cerrar algunos huecos de la historia, como un gran rompecabezas, que ella ahora puede completar usando su conocimiento adquirido.

El título de este libro tiene que ver con la intriga para asesinar al dictador, que en sus últimos años fue apodado “El Chivo” por sus detractores, bien como con un festival folklórico del chivo, una carne apreciada en América Latina. Llevó casi treinta años para que la gente percibiera la personalidad verdadera del dictador. Antes de eso, él era llamado por la mayoría de la gente con títulos aduladores como “Padre de la Nación”, “Su Excelencia”, “Generalísimo”, “Benefactor” o simplemente “El Jefe”. Para sus detractores, Trujillo se convirtió en la personificación del diablo que le roba el alma a la gente y los convierte en seres sin identidad. Una de las retrospectivas escenas que Urania evoca son las visitas del dictador a la casa del Ministro Don Froilán, en la ausencia del último, para tener encuentros sexuales con su esposa. Ella se acuerda entonces que el Generalísimo tenía el hábito de visitar a las esposas cuando sus ministros estaban ausentes. Le entristece pensar que su padre había ignorado esto y no puede evitar preguntarse si Trujillo no hubiera hecho lo mismo con su propia madre. El juicio de la historia confirmó décadas después que Trujillo era un matón y un psicópata adicto al poder que ordenó la matanza de miles de haitianos y trajo miseria a sus compatriotas.

Como un joven recluta entrenándose para oficial, Trujillo mostró ser un individuo lleno de confianza. La confianza en sí mismo aumentó con un cierto Sargento Gittleman, un funcionario marino americano que proporcionó su entrenamiento militar durante la ocupación, que fue su mentor más tarde su amigo en los Estados Unidos. A Trujillo le gustaba alardear de su disciplina militar y siempre reconoció el hecho que se lo debía a los marines. Tenía una habilidad especial de leer las expresiones corporales y faciales de las personas, algo que usaba para intimidar a sus subordinados y oponentes. Antes de las elecciones Presidenciales de 1930, la República Dominicana estaba padeciendo un colapso económico y de crímenes desenfrenados. Trujillo, entonces a cargo de la Guardia Nacional Dominicana, era un candidato presidencial que abrazó la creencia popular de que los males del país eran causados por los inmigrantes haitianos. Las personas lo vieron como el hombre que podría traer una solución definitiva al problema, y una panacea para los problemas del país. Una vez elegido, Trujillo se quedó legalmente en el poder hasta 1938, pero consiguió permanecer en este hasta 1961, gobernando a través de una serie de presidentes títeres. Poco después de tomar el poder, se convirtió en el hombre más rico del país, así como el terrateniente y empleador más grande. El hecho de que tuviera el monopolio del mercado de trabajo prácticamente perpetuaba su imagen de figura paternal.

El padre de Urania, el Senador Agustín Cabral, también conocido como “Cerebrito” debido a su gran inteligencia, era una figura importante en el régimen. Antes de convertirse en Presidente del Senado, había sido Ministro de Asuntos Exteriores y Presidente del Partido Dominicano. Desgraciadamente, su inteligencia no le impidió compartir el racismo popular contra los haitianos. Ciertamente no le ayudó a convertirse en un conocedor del carácter de las personas; admiraba la puntualidad, el orden, la exactitud y la disciplina del Jefe, pero era ciego para las faltas del mismo. En su favor, el Senador Cabral era un hombre honrado que nunca usó su posición para ganancia personal. Lo mismo no podría decirse de los otros miembros del círculo interno del dictador. Joaquín Balaguer, el Presidente títere, era un político listo, capaz de mantener la calma sin importarle lo que pasara. El Senador Henry Chirinos, cuyo apodo tenía que ver con su hábito de beber mucho y su conocida florida retórica, era un hipócrita falso que después del final del régimen logró un puesto como embajador en los Estados Unidos pretendiendo ser un demócrata. Como Urania descubrió durante el tiempo que trabajó para el Banco Mundial, fue él quien había traicionado a su padre causando su caída.

El Presidente títere, como los dos senadores, Cabral y Chirinos, era solo una figura que servía para dar al país pretensiones de democracia. Sólo los jefes militares tenían verdadero poder en el círculo interno del dictador, especialmente el General José René (Pupo) Román, cabeza de las fuerzas armadas, y el Coronel Johnny Abés García, ex informante que recientemente había sido nombrado jefe del servicio de inteligencia militar, SIM. Conocido por un apodo vulgar debido a su apariencia, García era un asesino y verdugo frío y cruel. A pesar de sus credenciales, el Jefe todavía conseguía intimidarlo por su fracaso en la misión de asesinar al Presidente Betancourt de Venezuela.

Todos los hombres que conspiraron contra Trujillo estaban recientemente descontentos, cada uno por sus motivos personales. Antonio de la Maza, que venía de una familia anti-Trujillista que realmente luchó contra el dictador, y que en algún momento sucumbió al carisma de Trujillo e incluso trabajó para él junto con su hermano, recientemente asesinado por el dictador. Una historia más típica fue la del Lugarteniente Amado García Guerrero, conocido como Amadito, un soldado ejemplar que fue entrenado para obedecer órdenes. Odiaba a Trujillo porque le prohibió que se casara con Luisa Gil, la mujer que amaba, y por convertirlo en asesino durante una prueba forzada de lealtad, en la cual él disparó dos tiros en la cabeza de un prisionero sin saber que el prisionero que mató era el hermano de Luisa. La conspiración tenía dos fases principales: eliminar al dictador y formar un nuevo gobierno.

La primera fase de la conspiración era una emboscada, que sería llevada a cabo por un grupo de siete: junto con los anteriormente nombrados Antonio de la Maza y Amadito, habían además Salvador Estrella Sadhalá (el Turco), Tony Imbert, Pedro Livio Cedeño, Huáscar Tejeda Pimentel y Roberto Pastoriza Neret. La segunda fase de la conspiración se trataba de poner en marcha el plan de acción para la formación de un gobierno de transición, y esto no tenía el apoyo de ninguna otra persona sino de el Jefe del las Fuerzas Armadas, el General Román. Sin embargo, después de que el dictador fuera asesinado el 30 de mayo de 1961, el cambio esperado de régimen no ocurrió subsecuentemente porque Román quedó paralizado de miedo al enterarse que el Jefe había sido asesinado pero su chofer había sobrevivido a la emboscada. La conspiración desorganizada no previó la necesidad de escondites seguros para los siete hombres que participaron en la emboscada. Como resultado del fracaso de Román en llevar a cabo su parte del acuerdo, la mayoría de los conspiradores principales fueron arrestados, torturados y sus propiedades fueron destruidas; cientos de inocentes miembros de familia y amigos de los conspiradores sufrieron el mismo destino. Del grupo de los siete sólo uno sobrevivió –Tony Imbert– gracias a la ayuda de un individuo con conciencia, una cosa muy rara en esos días, cuando la mayoría de las personas había perdido lo mejor de su sentido humanitario. De los cinco que fueron apresados inmediatamente, dos afortunados lograron matarse antes que fuesen puestos en custodia, mientras que los restantes tuvieron que sufrir varios meses de tortura antes de ser ejecutados por el hijo de Trujillo, Ramifis, con el conocimiento completo del Presidente Balaguer. Muy pronto la implicación del General Pupo Román en la conspiración fue descubierta y él también fue arrestado.

Hay una narrativa sobrepuesta encima de la conspiración sobre la operación “Matar al Chivo”, en la forma de la anatomía de una sociedad servil, que es el resultado de todas las tiranías. Hay también algo dickensiano en las situaciones viles en las que los caracteres de este libro se encontraron, haciéndonos recordar de cómo no se deberían hacer las cosas. Puesto que la tiranía no ofrece ningún derecho a la libre expresión, la gente no es consciente de lo que verdaderamente ocurre en el gobierno. Esto demuestra como las personas pueden ser engañadas con propaganda, adoctrinamiento o miedo al aislamiento. Una vez que la gente abdica su libre albedrío al líder, se vuelven como niños que eventualmente aman padres autoritarios, convenciéndose de que los castigos corporales son buenos para sí mismos.

Las amenazas de las tiranías van más allá de lo que la gente se entera de a través de los defensores de derechos humanos, como arrestos arbitrarios, torturas y ejecuciones. Hay muchas otras amenazas que involucran discriminaciones que privan a individuos el uso completo de sus habilidades. Esas discriminaciones son difíciles de reconocer cuando tienden lugar bajo un manto de “legitimidad”, no proporcionado por un “Estado de Derecho” verdadero sino por un “Estado de Normativas Oscuras”, creadas por los antojos de tiranos insignificantes, en posiciones de poder dentro de las oligarquías del estado. El resultado es una especie de pretensión de justicia, como lo que en Brasil es conocido como la regla de “todo para nuestros amigos, para nuestros enemigos la ley.” Las tiranías pueden parecer eficaces con su potencial de resolver problemas con rapidez. Sin embargo, no hay ninguna garantía de que la solución no implica la violación de derechos humanos. Lo que las tiranías hacen muy bien es crear discriminación por asociación, cuando familias y amigos son responsables por la acción de otros. Esto es cuando el ciudadano individual es obligado a la conformidad o al uso de violencia. En una democracia liberal con un “Estado de Derecho” verdadero, un líder que pierde la confianza del electorado es simplemente votado fuera de oficio.

La tiranía por la que pasó la República la Dominicana durante la era de Trujillo tiene lecciones universales. La primera lección es la frivolidad de las creencias de que las panaceas de cualquier tipo, incluyendo utopías y religión, pueden reemplazar el “Estado de Derecho”. La personalidad pública de Trujillo le permitió ser como una panacea para los problemas del país, pero su régimen sólo trajo miseria y dolor. La segunda lección es la creencia equivocada de que aquellos en el círculo interno de un tirano están libres del abuso de poder. Debido a las intrigas y las traiciones, el honor de una persona siempre está al antojo de otros. La verdad es que nadie está a salvo en una tiranía, ni siquiera los amigos del tirano, como en el ejemplo del padre de Urania, a quien el tirano convirtió en un “muerto viviente” después de que el dictador lo desechara.

La conclusión de esta historia de tiranía no es de retribución, sino de reconciliación de las victimas con su propia humanidad. En su retorno a Santo Domingo, Urania está impresionada por la ciudad moderna que creció en lugar de la vieja, y se pregunta si ella alguna vez podrá ir hacia el adelante como lo ha hecho la ciudad de Santo Domingo. Comprende que su retorno impulsivo fue una oportunidad de confrontar el pasado y de librarse de él para siempre. Quizás era demasiado tarde para poder confrontar a su padre, pero todavía restaba su tía y sus primas. Si su tía realmente la apreciaba, necesitaba saber la verdad. El proceso de ir hacia delante requiere confrontar la verdad. Y no hay ninguna manera de hacer esto sin dolor.
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Traductora: Erica Gwyther (UK)
Revisora: Marian Campra (UK)

Referencia:
VARGAS LLOSA, M. La fiesta del chivo. Alfaquara, España, 2000. ISBN: 9788466318709. Reseña de: PIRES-O’BRIEN, J. (2011). Un relato sobre la tiranía.
PortVitoria, UK, v. 3, Jul-Dec, 2011. ISSN 2044-8236, http://www.portvitoria.com/archive.html